Salud, pobreza y desarrollo

La lucha contra la pobreza, es sin duda el mayor reto que afronta la humanidad en este siglo. Con un 40% de la población mundial al borde de la pobreza y una quinta parte en una situación tan extrema que amenaza su propia supervivencia, un mundo libre de carencias y temores tal y como ambicionaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos es aún una aspiración lejana.

Sin embargo, los gobiernos de todo el mundo han expresado su deseo de erradicar la pobreza. Recientemente, en la Cumbre Mundial del año 2005 los líderes mundiales reiteraron su determinación de cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), incluyendo la erradicación de la pobreza y el hambre. El reto ahora es cómo trasladar estos compromisos en acción.

Históricamente se ha ido moldeando por parte de occidente una visión del mundo que definía el grado de civilización de un país según su nivel de producción, o lo que es lo mismo, según su desarrollo económico. De este modo, el “no desarrollo” pasaba a ser pobreza y se traducía en una mera estadística del ingreso per cápita. Bajo esta perspectiva puede decirse que ha imperado la cultura económica sobre lo político, lo social y lo cultural pensando que el mercado satisfaría las necesidades de los individuos de forma eficiente. Sin embargo pronto pudo observarse que el desarrollo no necesariamente debía conllevar un reparto equitativo de la riqueza que generaba y más aún, éste desarrollo no siempre se fundamentaba sobre la sostenibilidad.

Durante la Década de los 80 el premio Nobel de economía Amartya Sen, formuló un nuevo paradigma donde el desarrollo representa la expansión de la libertad para que las personas puedan expresar sus capacidades y potencialidades. La expansión de la libertad es pues el fin primordial y a la vez el medio principal para el desarrollo. Las ideas de Sen han sido asimiladas con gran rapidez por las nuevas corrientes que estudian el desarrollo en toda su amplitud, calando entre el sistema de Naciones Unidas y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).  

Hoy día se considera que el desarrollo es el proceso de ampliación de las opciones de la gente, aumentando las funciones y la capacidad humana. Dentro de este nuevo planteamiento, la pobreza no sólo es sinónimo de bajo nivel de ingresos, sino también de debilitamiento de toda una serie de capacidades humanas fundamentales, incluidas las relacionadas con la salud. El término pobreza humana hace referencia a la carencia de medios para alcanzar dichas capacidades (por ejemplo, el acceso físico a la atención de salud). De esta manera, el desarrollo humano refleja además los resultados de esas funciones y capacidades en cuanto se relaciona con los seres humanos. Representa un proceso a la vez que un fin.

PNUD

Finalmente, solapándose en ocasiones con la perspectiva de Sen, existe una tercera aproximación al concepto de desarrollo que lo entiende como la realización de los derechos humanos en su plenitud. Si éstos son la máxima expresión de las libertades humanas, el grado de su obtención implica mayor o menor desarrollo. 

Estas tres visiones del desarrollo humano aportan visiones distintas pero al mismo tiempo complementarias. La primera perspectiva pone su acento principalmente en el ámbito de las satisfacción de necesidades, en este sentido la mirada se centra en aquello de lo que se carece, favoreciendo las estrategias puramente asistencialistas. La novedad que introduce la perspectiva de las capacidades de Sen se basa justamente en que el acento se pone no en aquello de lo que se carece (necesidades) sino en las posibilidades para ser o hacer (capacidades). Al basarse en libertades también trata de eliminar las barreras que hacen que las personas no puedan optar por la vida que les gustaría llevar. Por último, la visión de los derechos humanos aporta un matiz diferente al marcar un umbral de desarrollo al que todas las personas deberían poder acceder. Este matiz es de gran importancia ya que exige al conjunto de la sociedad el esfuerzo necesario para hacerlo realidad. Poseer un derecho legitima a las personas para poder reivindicar la expansión de las libertades presentes.

A partir de estas tres perspectivas podemos también redefinir el concepto de pobreza. La pobreza no representa sólo una cuestión de ingresos, sino fundamentalmente una cuestión de ser capaz de vivir una vida con dignidad, disfrutando  de los derechos humanos y las libertades que de ellos emanan.
El vínculo entre salud, pobreza i desarrollo ha sido interpretado de distintas maneras a lo largo del tiempo y según los diferentes actores. En 1978, la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud de l’OMS, reunida en Alma Ata, declaró que el desarrollo económico i social, basado en un nuevo orden económico internacional, era de importancia fundamental para conseguir un grado máximo de salud para todos y para reducir las desigualdades en materia de salud entre los países en vías de desarrollo y los países desarrollados. Al mismo tiempo, declaraba que la promoción y protección de la salud es indispensable para un desarrollo económico y social sostenido. De esta manera, la pobreza es la causa de mala salud, y la mala salud, a su vez, incrementa la pobreza. Para conseguir un nivel de salud que permita llevar una vida social y económicamente productiva, la Declaración de Alma Ata recomienda poner en práctica la estrategia de atención primaria de salud. Esta Declaración establece fuertes vínculos entre salud y desarrollo y considera el acceso a la salud como un objetivo social de extrema importancia, la realización de l cual exige la intervención de muchos sectores sociales y económicos, y no sólo el de salud (agricultura, educación vivienda, comunicaciones, industria,…) y, muy especialmente, la plena participación de todos los individuos y familias de la comunidad en la planificación y aplicación de la atención sanitaria.

A lo largo de las últimas décadas no se han tenido muy en cuenta estas aproximaciones holísticas a la hora de planificar políticas de desarrollo. Los recortes de los servicios básicos, entre ellos la atención sanitaria, han implicado un deterioro en el nivel de vida y de salud de buena parte de la población, en particular de los sectores vulnerables.

En el año 2000 la OMS estableció la Comisión de Macroeconomía y Salud (CMS) con el objetivo de ubicar la salud dentro del desarrollo económico global. El resumen del primer informe, liderado por Jeffrey Sachs, determinaba que una mejora en la salud de las personas que viven en la pobreza no sólo es un objetivo perseguible por sí mismo sino que actúa además como un fuerte catalizador para el desarrollo económico y la reducción de la pobreza en la sociedad. Es decir, que el bien individual se hace común. Además se establecían una serie de relaciones entre la inversión en salud y la capacidad de desarrollo económico. Por ejemplo, la pérdida en términos económicos que representa el VIH en África es del 12% del Producto Interior Bruto del continente; el desarrollo económico en países libres de malaria es al menos un 1% superior a aquellos en los que la malaria es endémica

Por lo tanto, la salud tiene un papel destacado por si misma tanto en la teoría del desarrollo humano como en el enfoque de los derechos humanos. Pero también los efectos de la salud sobre la economía, así como los efectos de la pobreza sobre la salud, son muy importantes. Por ejemplo, la malaria constituye la segunda causa de muerte en África subsahariana. Esta enfermedad perjudica a la economía familiar y a la economía de la comunidad local, al afectar a la mano de obra, reducir la eficacia en el trabajo, disminuir la explotación de las tierras y cargar el presupuesto familiar con los costes de la prevención y el tratamiento. La malaria es ltambién a mayor causa del absentismo escolar y se estima que reduce la capacidad de aprendizaje del 35% al 60% en los escolares. Las personas pobres son las más afectadas pues tienen menos acceso a los servicios de salud, a la información y a las medidas de prevención y tratamiento. Por último, la malaria reduce el comercio internacional y el desarrollo de sectores como el turismo.

En la siguiente figura quedan reflejadas algunas de las asociaciones mencionadas en el caso de la malaria, pero que son extensibles para cualquier enfermedad. En general recogen conexiones entre las necesidades humanas básicas y la ausencia de capacidades, libertades y derechos de las personas que pueden degenerar en pobreza. A su vez muestra cómo la pobreza provoca necesidades, disminuye las capacidades y limita las libertades y los derechos.

Figura 3. El círculo vicioso de la pobreza

Tal como recoge el Informe sobre la salud en la región africana de la OMS de 2006, los retos para los gobiernos son enormes y el fortalecimiento de los sistemas sanitarios y las políticas de salud sólo se conseguirán mediante colaboración regional y la cooperación internacional.