La República Democrática del Congo (RDC) es un país especialmente vulnerable por los casi 10 años de conflictos armados que han provocado una gran fragilidad de la estructura del Estado y una devastadora situación social. Desde el inicio de la guerra en 1997, uno de los indicadores más dramáticos del conflicto que se vive en el este de la RDC es el número de casos de violencia sexual (VS) registrados por las organizaciones humanitarias y los organismos de las Naciones Unidas. Todos los grupos armados en el conflicto han utilizado la violencia sexual como arma de guerra. Esto ha provocado que en la actualidad este tipo de violencia se haya convertido no sólo en la amenaza más grande contra la salud sexual y reproductiva de las mujeres sino también de su salud mental en esta región de la RDC, según denuncia la Organización Mundial de la Salud. Miles de mujeres, niños y niñas han sido víctimas de violaciones y agresiones sexuales cometidas de manera sistemática por las fuerzas combatientes.
La VS se da en un contexto marcado por la pobreza, la falta de centros médicos para atender a las víctimas, el riesgo que supone sufrir un embarazo en dicho contexto y el riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS), entre las cuales no hay que olvidar el VIH/SIDA. Pero además, el problema de las violaciones, por el contexto en el que se da, va aún más allá: a menudo la víctima no explica nunca lo que le ha pasado por miedo a represalias, sobre todo si el agresor es una persona uniformada del pueblo. Por otro lado, si lo explica, la víctima corre el riesgo de ser rechazada por el marido –aún hay la creencia de que las víctimas han sido cómplices de los hechos–. El rechazo y la estigmatización de la víctima es otra realidad que la víctima tiene que sufrir. Todo ello, junto con el mal funcionamiento del sistema judicial, hace que las víctimas estén poco dispuestas a denunciar los hechos.
Aunque existen esfuerzos de la comunidad internacional, nacional y local por el restablecimiento de la paz a través del proceso de democratización que llevó a la organización de las primeras selecciones democráticas, el fenómeno de la violencia sexual en la RDC está lejos de solucionarse. El número de casos no para de aumentar.

Así, desde octubre de 2006 Farmamundi, con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y el Ayuntamiento de Barcelona, trabaja al este de la RDC en un proyecto de atención a las víctimas de violencia sexual con una ONG local: FEPSI: Femmes Engagées pour la Promotion de la Santé Intégral. FEPSI es una asociación femenina con vocación sociosanitaria. Esta ONG fue creada en Butembo (territorio de Lubero, provincia de Kivu Norte) el año 2000 por 15 mujeres, la mayoría de ellas enfermeras, todas ellas motivadas con la idea de participar activamente en el desarrollo integral de la persona humana en su territorio. La sede social de la entidad está en Butembo, siendo su radio de acción la Provincia de Kivu Norte.
Este proyecto pretende un doble objetivo: la asistencia médica y psicosocial de las víctimas de violencia sexual, por un lado, y la sensibilización comunitaria, por el otro.
Para poder garantizar una buena asistencia médica y psicosocial, el proyecto pone énfasis en la formación del personal sanitario que atiende a las víctimas (tanto a nivel físico como psicológico) y en el suministro de los medicamentos necesarios para poder tratar de manera gratuita las diferentes afecciones que presentan estas personas. Si la persona llega al centro antes de las 72 horas postagresión, se la trata con el kit PEP (Post Exposure Profilaxy) para evitar un embarazo y/o que esta persona contraiga el VIH y otras ETS.
La asistencia psicosocial también prevé la donación de una pareja de cabras para que la persona pueda ser autónoma económicamente y recupere la autoestima.

Las agresiones se dan mayoritariamente en las zonas rurales, en pequeñas comunidades. Por este motivo también es muy importante el trabajo que se hace con las consejeras, personas muy valoradas y respetadas por la comunidad. Son a ellas a quien acuden las personas que han sido violadas y, por tanto, son personas que tienen que saber escuchar y hacer el primer acompañamiento. Las consejeras acompañarán a estas personas a Butembo, donde FEPSI tiene el hospital, nuevo gracias al proyecto.
Por otro lado, como decíamos, la sensibilización es otro gran eje del proyecto. La finalidad de las sesiones de sensibilización es que la población tome consciencia de la problemática de las violaciones y de todo lo que implica. Se remarca mucho que la persona violada es siempre una víctima y nunca una cómplice y se habla de la importancia de que esta persona no sea rechazada por el entorno. Se pretende que las personas violadas vayan a los centros médicos indicados para ser atendidas sin miedo a ser estigmatizadas y de la importancia de llegar ahí antes de las 72 horas posviolación por los motivos anteriormente mencionados.