Condicionantes de género que impeden el acceso a la salud

Para analizar cómo los condicionantes de género impiden el acceso a la salud, no sólo tenemos que poner la mirada en los servicios de salud, sino que debemos recurrir a las ciencias sociales para entender por qué funciona o no una intervención en salud. A menudo se utilizan modelos que facilitan y resumen los factores más importantes que afectan el acceso a la salud 11 (ver figura 2).

Figura 2. Variables que influyen en la toma de decisión


 

En primer lugar hace falta una información que permita al individuo o la comunidad relacionar unos síntomas con una enfermedad o unas medidas necesarias para evitarla. Será la percepción de la gravedad, así como el reconocimiento del riesgo de enfermedad y la percepción de la susceptibilidad lo que generará una interpretación de la enfermedad.

Dicha interpretación llevará o no a tomar una decisión ante el problema. Esta decisión estará influenciada por las experiencias previas de esa persona o familia, por la presión y contexto social, y por las limitaciones estructurales (sociales, institucionales y económicas). También tendrán un papel importante los criterios que sirven para evaluar si el Estado está brindando a su población la posibilidad de gozar del derecho a la salud –es decir, disponibilidad, accesibilidad, calidad y aceptabilidad de los bienes y servicios de salud–. Si, por ejemplo, una persona percibe que dedica mucho tiempo al desplazamiento hasta el centro de salud y en el centro de salud, así como mucho dinero para el transporte, o percibe que pierde muchas horas de trabajo y por ello de ingresos, inevitablemente estos factores influenciarán en su decisión.

Una vez tomada la decisión, se pensará si resolverlo en casa, con la medicina tradicional o con la medicina occidental. Y después de superar la afección, habrá una evaluación que influirá en futuras interpretaciones de la enfermedad.

La salud de las mujeres incluye su bienestar emocional, social y físico, el cual está determinado por las características biológicas, pero también por el contexto social, político y económico en el que viven. Así lo señaló la Plataforma de Acción de la Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995). Por tanto, la desigualdad en estos factores es uno de los principales obstáculos para que las mujeres puedan ejercer su derecho a la salud.

Tradicionalmente, se ha supuesto que las diferentes necesidades en materia de atención sanitaria entre mujeres y hombres eran debidas exclusivamente a sus diferentes papeles en la reproducción. Pero en los últimos años, gracias al análisis de género, se ha ampliado la comprensión de los problemas de salud de hombres y mujeres, al mismo tiempo que se ha señalado la influencia que para la mujer tiene su papel de subordinación social respecto al hombre en el mantenimiento y recuperación de su propia salud.

Esta subordinación es patente en muchas de las enfermedades que con mayor frecuencia sufren las mujeres en todas las etapas de su vida, ya que desde su nacimiento las mujeres están ya expuestas a sufrir los roles de género impuestos en la sociedad, que pueden ser causa de sus enfermedades, por ejemplo: 

  • Los problemas de salud sexual y reproductiva, entre los cuales se puede señalar la mortalidad asociada al embarazo, el parto y el posparto. Cada año mueren más de medio millón de mujeres durante el parto y el embarazo.

    Las mujeres en los países en vías de desarrollo tienen un riesgo muy elevado de morir durante el parto o el embarazo. Tendrán que afrontar dicho riesgo varias veces a lo largo de su vida, especialmente en los países donde hay altas tasas de fecundidad. Entre las causas de mortalidad materna encontramos: hemorragia severa, abortos inseguros y falta de atención por parte de personal entrenado durante el embarazo que detecte los casos de urgencias obstétricas, entre otras.

  • También las enfermedades de transmisión sexual (sífilis, gonorrea, etc. y la infección con el VIH/SIDA).

    El caso del VIH muestra, quizá, una de las desigualdades más radicales en las relaciones de poder entre hombres y mujeres. En muchos países en vías de desarrollo, las inequidades, la presión social, las falsas creencias y la falta de educación sobre el virus hacen que la mujer resulte más vulnerable ante la infección por el VIH que los hombres. Según la Coalición Global sobre el SIDA y Mujeres, en algunos de los países más afectados (Sudáfrica, Zimbabwe y Zambia) las mujeres jóvenes entre 15 y 24 años tienen hasta cinco veces más posibilidades de ser infectadas que los hombres jóvenes .

  • La malnutrición. Una persona desnutrida tiene un organismo debilitado, con más posibilidades de contraer enfermedades y menos defensas para afrontarlas. La desnutrición crónica también se asocia a más del 50% de las muertes en la niñez. 

    En el caso de las mujeres embarazadas, hay más necesidades energéticas para cubrir y la malnutrición puede determinar el grado de anemia con el que una mujer llega al momento del parto y, por tanto, el riesgo de sufrir hemorragias severas.

  • Las consecuencias de la violencia, en forma de daño físico, discapacidad o lesión, además del daño psicológico.
  • Las afecciones respiratorias, los problemas de salud mental y el cáncer de mama, entre otros.
     

11 Muela J. et al. Malaria in Pregnancy: What can the Social Sciences Contribute?. PLoS Medicine. April 2007. Volume 4. Issue 4. e92.
12 Make it matter. 10 key advocacy messages to prevent hiv in girls and young women. UNFPA.
http://www.unfpa.org/upload/lib_pub_file/754_filename_makeitmatter.pdf.